Ni siquiera sabía porqué estaba triste,
pero no podía deshacer el nudo de mi garganta.
Me dolía el corazón
y mis ojos vidriosos me delataban.
Me sentía avergonzada por llorar delante suya
por volver a ser tan pequeña,
y por no conseguir sacar esa desesperación de mi interior.
Cuanto más me forzaba a parar
más potente era mi llanto.
No me entendía.
Me encendía.
Y así fue como me ahogué.
Me asfixié con tanta intensidad
que me explotó el pecho
y mis pupilas quedaron dilatadas para siempre.
Pero paré de llorar.
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