lunes, 29 de noviembre de 2010

NUEVEyMEDIO


Me pasa desde siempre.
Desde el siempre que empezó cuando te fuiste.
Creo verte
y no me da miedo.
Esta mañana te encontré en el tren.
Sé que eras tú porque me llenaste
con esa,
la única mirada que alguna vez me ha reconfortado de verdad.
Me sonreíste.
Fue un instante antes de que te marcharas de nuevo.
Y ahí estaba ese desconocido en tu lugar,
con sus ojos vacíos de mí
[vacíos de todo]
y su media sonrisa incómoda, incluso irritante.
Agaché la cabeza y me empañé.
La esquina necrosada de mi corazón
se envalentonó...
ahora es una habitación.

Te echo de menos
todos los días.

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