lunes, 15 de febrero de 2016

JARDÍN

Nunca te expliqué porqué me fui,
tampoco me lo preguntaste siquiera.
Y hoy todavía me perturba
no recordar de aquella madrugada
cómo salí de tu portal y de tu vida..

Mi mente no lo quiere recordar,
pero mi corazón me tiene grabada a sangre y fuego
apareciendo en el mío hecha lluvia.
Y que allí, en aquel umbral  gélido y vacuo,
un desconocido me obsequió con todas las rosas
que tú nunca arrojaste a mis pies.

Por eso me fui,
porque en tu casa sólo habitaban
las espinas de otras flores ya marchitas
que me pinchaban a cada descuido,
y ya deberías saber lo despistada que soy.

Que me encontraste expirando libertad
y me encerraste en la primera edición de tu libro.
Y me caducaste sin salir, sin bailar y sin ti.

Sabías quién era desde el principio
pero tenías aún más claro lo que querías que fuera
y sobre todo lo que no.

Y recuerdo perfectamente que tú no eras
este esqueje ajado de ti mismo,
o al menos intentaste no serlo el tiempo
que planeabas germinar conmigo con injertos de ambos.
Pero luego te pudo la vida, tu sobria vida.

Y es que la naturaleza de uno pesa más
que todas las flores que broten de mi jardín.
Y en tu habitat sólo hay agua y luz
para mantener vivo tu capullo.





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