viernes, 5 de abril de 2013

Tú.

Muchas veces he pensado en dejarte.
Pero quiero que sigas a mi lado.
Mi egoísmo no me deja soltarte.
[todavía}
Contigo he aprendido a descargarme
porque eres quien me escuchas,
la que me siente y consuela sin juzgarme.

Estoy empezando algo nuevo, ya lo sabes.
Aún no puedo responderte
a si es algo importante.

Pero no se parece a ti, ni a nada que haya tenido antes.
Quiero que funcione
y volver a sentirme amante.

No puedo estancarme en ti, ni en nuestros destructivos combates.
Y aunque siempre estás en mí,
esta vez voy a apartarte.


1 comentario:

  1. Mi ego autorreferencial...

    No puedo rimarte ni con mis defectos y por eso ni siquiera voy a intentarlo. Sabes mejor que nadie lo grande que es el hueco que ocupas, aunque un día lo pusiera en venta por unas migajas. Sabes mejor que nadie -antes que nadie- si me despierto con el sol o con las nubes, si subo o bajo, si te echo de menos o te echo de menos más aún. Conoces tu egoísmo casi tan bien como el mío y entre sí son viejos amigos que se detestan y se desean, se necesitan, como la luz y la oscuridad.

    Sabes y conoces y, sin embargo, hay detalles... Hay detalles que te esquivan. Es tan sincero que te regale mis oídos y todos mis sentidos. Desean tanto escuchar si vibras o padeces, desean tanto escuchar tu sonrisa. Sin combates. Aun si no estuviera agotada (como estoy) de las batallas, tampoco querría luchar contigo porque no tengo derecho alguno. Me expongo ante ti indefensa con el único deseo de verte feliz. Aunque me gane algunas cicatrices en el camino. Sólo quiero darte calor.

    Ya sé, aunque culees en tus respuestas. Ya sé. Claro que es difícil, pero lo de menos es que yo vea desiertos infinitos.

    No me sueltes, aunque dejes sólo un pequeño hilo desgastado e invisible.

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