miércoles, 28 de noviembre de 2012

SECRETO

Hay una cosa que debes saber
pero que nunca te dije:
pude quererte
pero no lo hice.

martes, 27 de noviembre de 2012

HEMBRA



Mi alma derramándose en tu carne extendida
para salir de ti más buena,
el corazón desparramándose
estirándose como una pantera,
y mi vida, hecha astillas, anudándose
a ti como la luz a las estrellas!

Me recibes
como al viento la vela.

Te recibo
como el surco a la siembra.

Duérmete sobre mis dolores
si mis dolores no te queman,
amárrate a mis alas
acaso mis alas te llevan,
endereza mis deseos
acaso te lastima su pelea.

¡Tú eres lo único que tengo
desde que perdí mi tristeza!
¡Desgárrame como una espada
o táctame como una antena!
Bésame
muérdeme,
incéndiame,
que yo vengo a la tierra
sólo por el naufragio de mis ojos
en el agua infinita de tus ojos de hembra!

CUENTOS

Érase una vez una niña que tenía una máscara.
Al principio dicha máscara no le encajaba del todo
por lo que sólo se la probaba para ella
mirándose, coqueta, en el espejo de la habitación.

Pero poco a poco notó que le iba quedando mejor,
así que empezó a jugar a ponérsela y quitársela
dependiendo de la situación a la que se enfrentase.

Con ella ocultaba sus miedos,
escondía sus emociones y controlaba sus nervios.
Podía ser fuerte y atrevida, alegre y valiente.
Lograba convertirse en otra persona distinta a ella
completamente.

Tanto se acostumbró a llevarla
que un día, al querer quitársela, se le quedó pegada.
No podía sacársela.
La niña se asustó mucho y fue corriendo a
mirarse en el espejo en el que se la probó por primera vez.
Se colocó enfrente pero no podía reconocer el reflejo que veía.

Lloró desconsolada y comprobó, horrorizada,
que las lágrimas no corrían por sus mejillas.
Con la máscara puesta,
no se veían.
De ahora en adelante
sólo podía llorar hacia dentro.
Sólo ella sabría cuando estaba triste,
o feliz, o asustada, o enamorada...
Porque de tanto llevarla,
la niña se quedó con la máscara para siempre
pegada.

viernes, 23 de noviembre de 2012

OLOR

Me reconforta que te asuste perderme
aunque nunca hayas hecho por estar conmigo.

Anoche me obligaste a olerte
justo cuando ya creía que eras agua.

Me encanta que esta habitación te exhale
aunque me hace imaginar que somos más de lo que somos.


No puedo respirar cuando te ríes
y me robas hasta el último halo de mí.

Me paralizas el corazón con tus ojos cuando atrapan mi mirada
y yo me voy haciendo pequeña.

Intenté correr para ser perfecta
y me corrí con tu imperfección.

Hoy volverás a perder fuelle mientras yo me desestabilizo
y me arranco la nariz y los ojos a tu paso.

Pero quiero que sepas que eres la culpable
(aún con todo)
de que hoy me sienta extrañamente bien.