miércoles, 7 de diciembre de 2011

AFTER

Se mezclan los olores de la habitación.
Las paredes encogen oprimiendo mi pecho
y mi sangre se extiende por el edredón.

El veneno atormenta mis pensamientos.
Su efecto se mantiene y evoluciona
a un trance de desesperación y sufrimiento.

Mi estabilidad no soporta la presión.
Me recrimina con sarna y despecho
que soy adicta a la insatisfacción.

Observo mis manos por un momento.
La psicomotricidad no reacciona.
Mi cerebro se vuelve torpe y lento.


Te quiero.
Ya no me quiero.

Pero aprenderé a hacerlo de nuevo.

3 comentarios:

  1. Por supuesto que lo harás

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  2. http://www.youtube.com/watch?v=uO0wh5Zc6fA

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  3. Me ha gustado mucho este escrito, me identifico completamente con esos sentimientos.

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