martes, 11 de octubre de 2011

HUIDA

Nunca podrás ser mi amiga
pues tendría que perderte.

Me distanciaré
para ahorrarte los esfuerzos
de esconderte tras las sombras
de mis pecados y excesos.

Porque la seriedad de tus noches
y la cura de tus días
se convierten en tristeza
cuando vuelves a la vida.

Que me hablan más tus ojos que tu boca.

Que alguna vez no fuiste esta hermética agresiva
que se ahoga con sogas del pasado.

En mi mente ya existes
cuando despierto en mi vida
y antes de rendirme ante ella.

Y aún dormida yaces en mí,
colándote en el camino de mi subconsciente,
creándome deseos conscientes.

Me conformaré, por ahora,
con al menos poder verte...

[en mi razón, que ya me fui,
necesitaba alejarme de ti].

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